Propiedad intelectual, piraterí­a y el derecho a compartir

De Informática Verde

Propiedad intelectual vs. Propiedad física

Lo que significa ser propietario de algo está muy claro cuando nos referimos a un objeto físico. Sin embargo, al hablar de música, programas de ordenador, o textos, es más complejo definir "lo que es de uno". ¿Es posible ostentar la propiedad de una canción que se repite múltiples veces por la radio, o de un libro del que se hacen cientos de miles de copias? La propiedad intelectual pretende ser comparable a la física, estableciendo una serie de derechos "de autor", y "de explotación". Es decir, quien cree una obra intelectual (libro, canción, etc.) tiene reconocidos unos derechos sobre ella.

Derechos de autor

La propiedad intelectual comprende varios aspectos, y uno de ellos son los Derechos de Autor. Estos son derechos que se les reconocen a los autores de obras artísticas o intelectuales (libros, canciones, programas de ordenador, etc.) Entre otros, los autores tienen derecho a decidir si su obra se puede divulgar y cómo, exigir que se les cite como autores, o exigir el derecho a que su obra no se modifique. También tiene derecho a reproducir y a distribuir su obra, o a permitir a terceros que lo hagan (como en el caso de un grupo de música que permite que una compañía distribuya su disco). El término "copyright" se usa como equivalente de "derechos de autor", aunque literalmente significa "derecho de copia".

Las entidades gestoras de los derechos de autor

Los autores reciben una cantidad de dinero en concepto de "derechos de autor" cuando sus obras son reproducidas. Por ejemplo cuando una canción suena en la radio, la emisora debe abonar una cantidad al autor. Para centralizar y gestionar mejor estos pagos, muchos autores se han asociado en torno a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). El objetivo de la SGAE es gestionar el dinero que se recibe en concepto de derechos de autor, y redistribuirlo entre sus socios. En la SGAE se agrupan principalmente cantantes, aunque hay otras sociedades como CEDRO, que agrupa a escritores.

La SGAE no solo cobra por cada disco vendido, sino que también impone una cuota a los Ayuntamientos y asociaciones de vecinos (por poner música en las fiestas), a los hoteles y restaurantes (por poner música en las bodas), a las peluquerías (por el hilo musical), incluso de cada entrada de un concierto hay una parte que recibe la SGAE, que luego redistribuirá entre sus asociados. La SGAE se ha hecho popular también por pretender cobrar derechos de autor en varios conciertos que se ofrecían de forma benéfica.

Más en: Cómo evitar el pago de derechos de autor

Los derechos de autor tienen un límite temporal, tras el cual la obra pasa al dominio público. Estos límites han ido aumentando desde que se reconocieron los derechos de autor. En Europa por norma general duran 70 años. Las entidades de gestión pretenden seguir ampliando esta duración, de forma que el autor puede estar muerto y sus herederos seguir percibiendo derechos de autor por las obras.

La SGAE se define como una entidad sin ánimo de lucro, pese a su tremendo apetito recaudatorio. Sin embargo, se ha creado un tejido de empresas alrededor de la Sociedad de Autores para poder sacar el dinero que ésta ingresa. El diario Público hace un repaso de este entramado.

El derecho a compartir

Podría pensarse que pagando el canon se llega a una especie de acuerdo: a cambio de pagar una cuota, grabo en mi CD toda la música que yo quiera. Sin embargo, con el canon no se acaba el "castigo". En los cines soportamos continuamente que nos llamen delincuentes antes de comenzar la proyección. El simple hecho de descargar música a través de e-Mule es considerado en muchos medios de comunicación como piratería. Pero ¿cuál es nuestro delito? Hace unos años la gente grababa cintas y se las intercambiaba con sus amigos. Ahora la tecnología nos permite hacer lo mismo que entonces, pero a gran escala. ¿Acaso compartir es delito?

No somos piratas. Compartir no es delito. La legislación española es muy clara al respecto: si no hay ánimo de lucro, no hay delito. Es decir, si te bajas música para escucharla, tu o con tus amigos, o para volver a compartirla, no estás haciendo nada ilegal. Sólo si decides sacar provecho económico de ello, en cualquier otro caso es un uso legítimo. Sin embargo, se nos llama piratas y delincuentes por bajarnos música y películas de Internet. ¡E incluso nos llevan a juicio! Afortunadamente los juicios celebrados hasta la fecha han tenido resultados favorables. La propia Policía Nacional lo explica: Podéis bajaros lo que queráis del E-Mule, pero no lo vendáis.

En julio de 2009 el Juzgado Nº7 de lo Mercantil de Barcelona publica un auto en el que analiza a todos los sujetos que pueden intervenir en una relación p2p (el creador de la herramienta, el intermediario que provee enlaces, que en este caso es el demandado, y el propio usuario) para concluir que ninguno de ellos infringe derecho de propiedad intelectual alguno. El primero porque se trata de una mera herramienta de transmisión de datos, el segundo porque no explota ningún derecho de propiedad intelectual y el tercero porque su actividad encuentra acomodo en el derecho de copia privada. (Fuente: David Bravo, auto en Bufet Almeida)

Las descargas no afectan a las ventas musicales

A esa conclusión llega un estudio de la London School of Economics, que indica que las descargas tienen un efecto estadísticamente igual a cero. En el estudio, tanto el grupo de control que tenía acceso a Internet, como el que no lo tenía, dejó de comprar discos en la misma proporción.

En otros países - Italia permite copia sin ánimo de lucro (El País)


Referencias

Sentencias absolutorias

- Santander, julio de 2006. Análisis de la sentencia en Baquía. La razón de la absolución es la ausencia del ánimo de lucro en el intercambio.

- Badajoz, octubre de 2007. Extracto de la sentencia en la bitácora de David Bravo. La sentencia dice que no hubo ánimo de lucro: no se ha acreditado la venta a terceros de películas o música.

- Madrid, marzo de 2010. Caso Indicedonkey, archivado por considerar que no existe ánimo de lucro directo ni comunicación pública. Información en ElMundo.es

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